Entran en un bar tres hombres. Se conocían de hace años, habían sido compañeros de clase, de borracheras, de biblioteca y aunque entre ellos lo desconocen pero alguna mujer había manchado las sabanas de al menos dos de ellos. Era la primera vez que se reunían desde hacía más de diez años y como antaño pidieron tres cafés solos largos y sus respectivos vasos de agua.
La vida les había tratado a cada uno de una forma. El primero de los tres que se sentó se encontraba felizmente casado, tenía dos mochuelos tan buenos como a la vez maliciosos; él decía que estaban aún por domesticar pero que sería cuestión de tiempo y madurez para que sentaran la cabeza.
Los dos amigos restantes. Uno de ellos desde los tiempos en los que se sentaban ellos tres a tomar café en ese mismo sitio había sido un mujeriego un viva la vida. Era listo, guapo, carismático, bueno en los estudios; era de esos hombres que todos pensamos cuando lo vemos de joven que ha nacido para triunfar que podría lograr ser los que quisiera y que encima tenía la voluntad de serlo. Sin embargo ahora se presentaba como un hombre flaco, desastroso. Había perdido todo el talante que tuvo en un pasado, la vida le había echo andar de trabajo en trabajo, compartiendo cama con infinidad de mujeres, probar las sustancias tabú que en un principio gran placer encontró y que ahora consideraba una sus muchas y mayores enfermedades. Con poco aprecio a su vida había considerado la manera más drástica de poner fin a todo y al fin y al cabo ya no le quedaba nada que perder.
El ultimo de los amigos había tenido una vida más o menos sedentaria, no había sido tan afortunado como el primero de ellos pero tampoco había tenido la desgracia y el descontrol como el segundo. Buen trabajo, mantenía su tipo pero en ese momento tenía un gran problema o más bien una gran frustración. Llevaba viviendo tres años con una chica a la que amaba con locura que la hubiera llevado a la luna si ella se lo hubiera pedido. Don Juanes del mundo son los que truncan estos enlaces, infectan como si de un virus se tratara y consiguen llevar a un hombre a la ira y a la lamentación de ver lo que ha perdido.
Se sientan los tres en la mesa y dice a la camarera el primero de ellos: tres solos largos y tres vasos de agua.
El segundo de ellos al ver a los otros dos se alegra y le pregunta:
- ¿ Que hay?. Llevaba muchísimo tiempo sin saber de vosotros, ¿como están tus hijos Wood (nombre de primero de ellos)? me dijeron que habías tenido 2 retoños aunque ahora estarán hechos unos granujillas. ¿Y tú que tal Stark (nombre del tercero de ellos)? ¿sigues viviendo con ese bombón de Isabel y currando en lo de siempre no? .
-Stark contesta: me alegro de verte Tom (nombre del segundo de ellos). Sí,sigo currando en lo de siempre, la cosa no va nada mal la verdad, respecto a lo de Isabel, lo dejé con ella poco después de que nos dispersáramos.
-Wood: Sí, tienen ya 4 y 3 años. El más pequeño acaba de empezar el cole y menuda llantina tuvo el primer día que no quería ir. ¿Tú que tal estas Tom?.
-Tom: Ahí vamos, como veis un poco destartalado. Seguí un poco en mis trece y al final eso me pasó factura.
-Wood: ¿Cómo? siempre fuiste el gran Tom, aquel que tenía el talante para triunfar, volvías locas a las chicas y en ti veíamos una seguridad que no se veía en ningún otro.
-Tom: Sí, pero a menudo un hombre se cree que puede abarcar todo y lo único que termina es descarrilando su propio tren. Probé las sustancias tabú. Hice aquello que los tres dijimos siempre que no haríamos. Al principio era una grandiosa sensación de libertad, llegar a casa después de un grandioso día de trabajo en el todo había salido bien, meterme con mi chica y sentir como los dos volábamos en un cielo en el que sentíamos que los dos eramos una misma nube, que eramos capaces de comernos el mundo. Al principio lo hacíamos de vez en cuando, luego todo se empezó a volver más rutinario y ahora mírame. Terminé dejando de ser el gran Tom para todos, perdí el trabajo y cuando le dije a mi chica de rehabilitarnos ella dijo que no; que eso era lo único que le quedaba. La pobre estaba enganchadísima. Hace un año o así intenté entrar en un centro, la cosa al principio iba bien pero volví a recaer. Ahora vivo con mi madre intentando llevar las cosas a buen cauce pero no lo consigo. Mi padre no puede verme, me considera la deshonra de la familia.
-Wood: Dios mío Tom, no sabía nada de ello. Te hubiéramos echado una mano de haberlo sabido.
-Stark: Sí, yo la verdad es que no ando muchísimo mejor tampoco, pero hubieras contado con mi mano.
-Tom: Lo sé y gracias. De ti Stark ¿qué ha sido?.
-Stark: Como bien te he dicho Isabel y yo lo dejamos. Al cabo de tres años conocí a otra con la estuve viviendo hasta hace un par de meses. Nos conocimos en un curso de esos que me mandan del curro. La quería o más bien quiero con locura, hemos pasado tres años increíbles. Pero a hace dos meses la empecé a notar rara, pasaba menos tiempo en casa; decía que había quedado con las amigas para tomar café o que iba a hacer recados. El fatídico día vino un domingo, me dijo que ya no me quería que había conocido a otro que creía que le podría hacer más feliz. Ahora ese cabrón vive con ella y yo me encuentro aquí con la boca abierta y sin poder decir nada, solamente con ganas de matarlo.
-Wood: Joder Stark lo siento, sabía que te iba bien pero no que tu vida había dado un giro tan radical hace poco. Lo mismo te digo que a Tom, ahí me tienes si necesitas ayuda.
Los tres amigos siguieron charlando un poco más de sus años jóvenes, recordando momentos en la universidad y de todo lo que habían vivido juntos. Pagaron los cafés, que por solidaridad pagó Wood y se fueron. Mientras iban por la calle Tom les dijo de ir a un sitio y los tres que no tenían nada que hacer en ese momento le siguieron. Los llevo a una fábrica a las afueras y le dijo que tenía un regalo para cada uno. Sacó de su mochila tres pistolas diciendo:
-Tomarme como un pirado, al fin y al cabo lo estoy. Ahora mismo no tengo nada que perder ni que ganar, llevo un año en la más absoluta miseria y estoy muy cansado. Os entrego a cada uno una pistola para o bien protejáis lo que más queréis en este mundo como es tu caso Wood o para logremos en algún momento nuestro objetivo como es el caso de Stark y mío. Me intentado suicidar una vez vaya... pero no pude, me sentí incapaz y me eché atrás en el ultimo momento.
Cada uno se fue por su lado. Wood miró aterrorizado la pistola, al principio no quería cogerla, pero terminó por hacerlo al insistir le tanto Tom, pensó que se desharía de ella en cuanto pudiera. Stark guardó la pistola, pensó en meterle un balazo entre ceja y ceja a aquel desgraciado.
Un mes más tarde volvieron a tener noticias entre ellos. Tom seguía vivo, su vida no había cambiado mucho pero por alguna extraña razón, había abandonado esa idea suya del suicidio y quería cambiar su vida, a base de pasos de elefante quería re-modelarse. Stark había olvidado la idea de matar aquel hombre, si ese tío había conseguido quitarle su chica, su chica no sería tan buena pensó y al fin y al cabo peces hay muchos en el mar pensó. Del que obtuvieron malas noticias fue de Wood, al final no se deshizo de la pistola. Al principio probó a disparar un par de veces a las afueras de la ciudad y la guardó para proteger a su familia. Una noche mientras dormía alguien intento entrar en la casa, rápidamente en el momento en que se dio cuenta echó mano de la pistola que hace un mes le había dado su amigo, al principio titubeó pero cuando se dio cuenta de que ese hombre podría hacerle daño a su familia a sus dos hijos disparó. De él solo supieron que había sido condenado a unos años de cárcel por homicidio y por posesión de armas, su mujer se había mudado a vivir a otro sitio y 1 año más tarde le llegaría los papeles del divorcio a su celda.